La pelota no se mancha; se desangra.

En esta vuelta de Revista Bilis, no queríamos dejar escapar la oportunidad para explayarnos respecto a la gran pasión del pueblo argentino: el fútbol. Concretamente, sobre la agonía que hoy transita.

El fútbol argentino atraviesa momentos álgidos de polémicas, tanto arbitrales, como dirigenciales. Foto: Huracán y Barracas propiciaron un duelo repleto de decisiones arbitrales cuestionables; fuente: @CAHuracan en X.

Para sorpresa de nadie de los que consume con asiduidad los partidos del fútbol doméstico, la presente nota se embebe de un fúnebre tenor fatalista. Cierto es que, como si el formato impresentable del torneo local, sumado a la cantidad exorbitante de equipos—de los cuales muchos no albergan el nivel de excelencia que requiere la Primera División—y la carencia del público visitante en los estadios no fueran poco, ahora también debemos añadir un escándalo mayúsculo que sacudió la esfera de la AFA. Hace unos pocos días, el programa “¿La Ves?”, de TN, difundió unos chats privados del árbitro Luis Lobo Medina—el cual ostenta una catarata de pésimos desempeños arbitrales, tanto en primera como en el ascenso—que mantenía con Juan Pablo Vico, mano derecha de Toviggino que, a su vez, se manifiesta como el lugarteniente de Claudio Tapia. En dichas conversaciones, puede observarse como el dirigente “sugiere” al colegiado que sea más benévolo con un determinado equipo—Tigre, en este caso—; lo cual despertó una horda de críticas hacia los implicados y la AFA.

Esto que sucedió hace algunos días, no es más que la evidencia manifiesta, incluso burdamente expuesta, de un secreto que yacía tácitamente entre todos los futboleros: la animosidad y el favoritismo para diferentes equipos. Solamente se ha retirado el velo a un monstruo que latía tras la ceguera del vulgo. Sin embargo, y a pesar del impacto que una noticia semejante puede generar, la realidad es que la inmensa mayoría de los futboleros del país, al anoticiarse de dicho acontecimiento, solo se limitaron a exclamar un tímido y tenue: “Y, sí…” La resignación ante este fútbol pútrido que observamos día tras día nos lleva a naturalizar estas espurias anomalías.

Sobrepasada la cresta de la ola de este torbellino azuzado por el escándalo arbitral, la AFA se dispone a celebrar el apasionante encuentro, con vísperas a la Copa del Mundo 2026, contra la poderosísima Mauritania; por supuesto, el precio de las entradas del partido, a disputarse en el Alberto J. Armando, no decreció ni un céntimo en función del rival. Como nunca antes en la historia del futbol argentino, nunca el fútbol le dio tan poco al hincha; y allí sigue, incondicional e inalterable en el amor a su eterna pasión.

Por otra parte, en estos días también se oficializó que Barracas Central y Deportivo Riestra harán de locales, en los partidos que disputarán por la Copa Sudamericana 2026, en los estadios de Banfield y el Pedro Bidegain, respectivamente. Dos clubes sin masa societaria, con una infraestructura deficiente para la Primera División y con financiamientos un tanto obturados lograron disputar competiciones internacionales de una manera que, sin nos propusiéramos a eliminar las influencias externas, resultaría inverosímil.

Como si todo lo anteriormente mencionado no fuera suficiente, hace una semana el ex dirigente de Newell’s, Cristian D’Amico, insinuó abiertamente haber arreglado un partido del campeonato pasado para evitar el descenso. El implicado, aseguró que realizaron “gestiones” para evitar que el equipo rosarino—el cual atraviesa uno de los peores momentos de su historia—no recayera en la Segunda División. Dichas “gestiones” fueron efectuadas en un partido del campeonato anterior, en el que Newell’s venció por 2 a 0 a Huracán de Parque Patricios. Ese encuentro, llamó la atención por la llamativa reacción de Gil, el número “5” del globo, ante sus compañeros; recriminando, entre insultos, y casi entre lágrimas, el desempeño del equipo… Ahora todo parece cobrar sentido.

Cierto es que, si nos proponemos honrar a la verdad en nuestra labor periodística, no podemos ignorar la clara intencionalidad del Gobierno Nacional por apoderarse del fútbol. Esto, es en función de establecer—y recaudar con ello, claro está—las Sociedades Anónimas en el Fútbol; entidades que, al menos de manera dialéctica, Claudio Tapia aborrece. Pero, si el estupor que Tapia manifiesta sobre las SADS es verídico, ¿Por qué hay equipos como Riestra, Barracas, CSIR, entre otros, que se sospecha han recibido inversiones externas? Dicha aversión parece ser más testimonial que fáctica. En el medio de este tironeo por las recaudaciones y el negocio del fútbol, se halla un triste hincha; el cual sostiene una pelota pincelada de rojo carmesí. La pelota está manchada, sí; pero esa mácula no es otra que la sangre que emana del propio fútbol argentino. Todo parece indicar que, más pronto que tarde, asistiremos a su funeral. Ojalá nos equivoquemos.

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