A dos años de la salida del videojuego, nos parece un buen momento para desmenuzar lo que ha dejado una entrega un tanto polémica.

El videojuego coleccionó un sinfín de opiniones varias, producto de la expectativa que generó desde su desarrollo.
No es novedad la tamaña expectativa que la última entrega de Bethesda despertó en su momento. Con bombos y platillos, se anunció, durante años, que la nueva franquicia sería la más ambiciosa y el más grande proyecto jamás desarrollado por la compañía estadounidense. Teniendo en cuenta que dicha empresa cuenta en su haber con gigantes de la industria, como Fallout o The Elder Scrolls, no es de extrañar que, al momento de su salida, Starfield era la nueva joya de la industria de los videojuegos. Además de esto, la ambientación futurista y espacial en la cual se enmarcaba la narrativa de dicha historia, prometía fungir como el nuevo favorito de un fandom que quedó en orfandad ante la ya casi década de retirada de Mass Effect. Como si esto no fuera poco, los adelantos que podían observarse del juego, en donde se destacaba una exploración espacial prácticamente inabarcable y un centenar de planetas por explorar, despertaron una ansiedad extremadamente vigorosa en todos los gamers alrededor del mundo. En la presente nota de Revista Bilis nos propondremos ahondar en el resultado final, a dos años de su salida. Precisamente, la siguiente publicación no podría hallarse con una temporalidad más acertada, producto del reciente lanzamiento de Bethesda comunicando que Starfield desembarcará en PlayStation 5 el próximo 7 de abril—hasta entonces, el videojuego se encontraba en exclusividad de Xbox S/X—. Sin más dilaciones, pasemos a la presente reseña.
Lo primero que vamos a aclarar es que hemos subdividido este análisis en cuatro categorías: ambientación, jugabilidad, historia/narrativa y exploración; además de desarrollar una breve reflexión final sobre lo último de la nota. Empezaremos detallando la ambientación que nos propone Starfield.
Ambientación.

De buenas a primeras el impacto de los primeros mundos, y de la inmensidad del espacio, es francamente impactante y agradable. En menos de una hora de juego uno ya surca el espacio y se traslada de un planeta al siguiente. Tras el primer tutorial de consignas básicas—apuntar, disparar, correr, saltar, etc—inmediatamente nos subimos a una nave para ya sentirnos todo un capitán del espacio—como buenos quilmeños—. Sin embargo, todas estas bondades y cualidades que destacamos del videojuego están presentes en las primeras tres o cuatro horas de juego—en una entrega que obsequia, de mínima, 60/70 horas del mismo—. Cuando uno lleva unos cuantos días con el título, se percata de que la gran mayoría de mundos son calcos, con ínfimas variaciones, de otro anterior. Lo tétrico de esta cuestión es que no solo los paisajes y condiciones extremas son los ejes que se repiten, sino los edificios. Fácilmente, en pos de realizar las misiones y tareas secundarias, uno puede recorrer una decena de veces exactamente el mismo edificio; una y otra vez. Tanto es esto así, que el jugador termina memorizando el mapeo de los escenarios, como si de ratones de laboratorio se tratase. Ya a la mitad del juego uno puede captar que las ambiciones tan magnánimas que los desarrolladores pusieron sobre Starfield hicieron que al propio videojuego le quedara extremadamente grande. Además de esto, es digno de destacar que la tan destacada “exploración espacial” que se vendía antes del lanzamiento del juego, consta de una pantalla de carga que divide los sistemas solares y que también se emplea para aterrizar en los planetas. Por otra parte, no todo en este apartado es negativo. Los planetas y escenarios lóbregos que el videojuego quiere construir son extremadamente bien logrados—como el planeta Londinion, escenario de la misión de los Horromorfos, por ejemplo—. No obstante, los espacios y planetas más iluminados y claros dieran la impresión de no destacar en demasía y recaer en cierta repetición visual. Por otra parte, debemos ser justos y destacar las numerosas “referencias” que el juego “toma” de Mass Effect: la ciudad de Neón es casi una réplica de Omega, de Mass Effect 2—con un boliche cyberpunk y todo—además de ciertas pantallas de cargas—como los despegues de las naves—que son muy similares a las vistas en Mass Effect Andromeda; también se asemejan ciertos aspectos de la historia que ya hablaremos más adelante. En definitiva, la ambientación de Starfield cumple con su función, sus gráficos están adecuadamente encauzados en la búsqueda que el videojuego propone, pero al maximizarlo en una escala tan burdamente exorbitante su calidad y precisión se fue obturando paulatinamente; como si vertiésemos un chorro de una gran botella de vino en una damajuana de vino en tetra brick.
Jugabilidad.

Este apartado es, probablemente, en el que más destaque Starfield. Para definirlo en una palabra es “divertido”. En cuanto a los aspectos de luteo y rol el juego no falla; es un videojuego de Bethesda, es difícil que yerre en esos aspectos. Si me parece digno de destacar que, a diferencia de lo que puede pasar en otras franquicias, como The Elder Scrolls, la presencia de diversos estilos de juego se ve sumamente menguada; si bien el videojuego hace un vago intento por brindar opciones para el sigilo, por ejemplo, la lógica del mismo casi que lo impulsa a uno a desarrollar un shooter sin más. Por otra parte, el combate espacial también se muestra bastante entretenido y con diversas posibilidades, pudiendo derribar o abordar naves; dándonos la posibilidad de dedicarnos a la piratería y al robo si así lo deseamos. En cuanto a los combates hay pocas cosas que destacar, ciertamente; los mismos son muy parecidos a lo que podíamos hallar en la saga Fallout, manteniendo la personalización de armas y armaduras. Un aspecto digno de destacar es la gran variación de armas y equipos que uno puede hallar. Por otra parte, un elemento absolutamente desaprovechado por el juego es la extracción y explotación de planetas. Para lo único que sirve dicha colonización es para adquirir materiales de mejora de armamento y equipos; materiales que, cuando uno acuñe una pequeña fortuna, puede comprarlos en cualquier comerciante y, además, con explotar unos cuantos planetas, ya tiene una cantidad exorbitante de los mismos desalentando, así, la colonización. A diferencia de lo que pasaba con las colonias de Fallout 4, estos puestos no son atacados por enemigos; lo que lo convierte en un elemento desabrido e insípido que no aporta absolutamente nada a la experiencia de juego. De nuevo, a pesar de juntar varias fichas en el “haber”, Starfield continua con varias cuotas en el “debe”.

Historia/Narrativa.

Llegamos al que es, sin dudas, el aspecto más flojo de la obra. Intentaremos no hacer spoilers para los que todavía no hayan jugado al videojuego. Sin embargo, si destacaremos aspectos que nos parecen indispensables de mencionar. Todos los que hayan jugado Mass Effect, recordarán que la aventura del comandante Shepard se iniciaba por el contacto que éste había tenido con unos artefactos dejados por una raza anterior y milenaria. Bueno, en las primeras 30 horas de juego, la trama principal de Starfield gira en torno a exactamente la misma premisa. Añadido a esta cuestión, debemos mencionar que la trama principal del videojuego deja un retrogusto insípido en todo momento; no llega a desagradar, pero no motiva en lo más mínimo. De hecho, en nuestra experiencia personal, las primeras 50 horas de juego fueron, casi en exclusividad, propiedad de las misiones secundarias. Ciertamente, todas las historias paralelas—como la de La Flota Carmesí, El Primero de Caballería, Los Horromorfos, Ryujin, etc—son mucho más entretenidas y atrapantes que la trama principal. A esto, no colabora la decisión de establecer un protagonista “mudo”; bueno, en realidad, sí habla, solo que no lo escuchamos—contrariamente a lo que pasaba en Fallout 4—. Se vuelve difícil empatizar con la narrativa principal casi hasta el final… y esto nos da el pie para explayarnos sobre lo que, sin duda, es lo más aberrante del videojuego: el final. No adelantaremos nada, para su tranquilidad. Sin embargo, hemos de destacar la incongruencia en la que recae Starfield. Desde un primer momento el videojuego se toma la molestia de aclarar y remarcar que las decisiones tomadas por el jugador son trascendentales para el desenlace del juego. Fruto de esa primicia tantas veces destacada, y de la enorme cantidad de decisiones que estamos forzados a tomar durante el desarrollo del juego, es que la decepción que se lleva el jugador, al final de la trama, es extremadamente mayúscula; puesto que todo ese sinfín de actos en donde el jugador debe arbitrar no impactan, ni deciden, absolutamente nada hacia el final del juego. En sintonía a semejante despropósito, el juego obsequia un final burdo, incongruente y bastante falto de gracia. Sin lugar a dudas, el aspecto que menos nos convenció del videojuego.
Exploración.

Este apartado será el más escueto de todos, puesto que ya lo hemos abordado con antelación. La explotación en Starfield, durante primeras horas de juego, se siente colosal; con un vasto universo para recorrer y explorar. Sin embargo, cuando uno ya lleva una decena de planetas recorridos, se percata de que los ecosistemas, biomas y edificios están repetidos hasta el hartazgo. Sumado a esto, la exploración solo tiene como incentivo la recolección de materiales que, una vez que avanzamos en la trama, ya no son indispensables y todo este apartado de la jugabilidad, que era uno de los estandartes máximos de la obra, se derrumba cual castillo de arena azotado por la marea. La exploración espacial tampoco sale favorecida, ya que la gran mayoría se basa en simples pantallas de carga con los saltos gravitacionales. Sin dudas, Starfield es tan grande como un desierto… pero, al igual que este, solo está repleto de arenas y dunas… y poco más.
Reflexión final.

Starfield irrumpió, incluso varios años antes de su lanzamiento en 2023, con la promesa de ser el videojuego más ambicioso de la historia de Bethesda; incluso con el afán de superar a dos titanes como Fallout y The Elder Scrolls. Hoy, y después de jugar de punta a punta el videojuego, podemos asegurar fervientemente que la entrega quedó muy lejos de ese cometido. Por momentos, el juego diera la impresión de carecer de “alma”—si entendemos el “alma” en los videojuegos como ese cariz artístico propio de cada obra—; se podría hablar de una obra “desalmada”, por varios tramos. Una historia poco atractiva, personajes francamente olvidables y muchos momentos flébilmente destacables componen un carrusel de vejaciones que atentan contra el propio videojuego. Sin embargo, eso no quiere decir que el juego sea malo; de hecho, si así fuera, no le hubiéramos dedicado más de 100 horas de reloj. Por momentos, el juego sabe atrapar y prender con sumo brío al jugador; pero, para su infortunio, lo logra más con elementos periféricos que con aspectos troncales de la obra. Starfield, en definitiva, es un buen juego y poco más. No es una obra memorable y, ni mucho menos, logra superar a las joyas predecesoras de Bethesda. No llega a irrumpir en la barrera de lo memorable, pero eso tampoco lo trasforma en una aberración videojueguista. Nos parece de lo más precisa la analogía elucubrada para el título de esta nota; puesto que el Leviatán que figuraba Starfield en la previa, quedó asentando en una estructura sumamente endeble que no hizo más que profundizar la inevitable caída.
-Nota final: 87/100